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jueves, 12 de mayo de 2016

Pastime paradise (Paraíso pasado)

La pasada semana, escuchando el fantástico programa que hacen los chicos de "Tirando a Fallar", disfruté  de los recuerdos que me iniciaron en esta bendita afición a la que llamamos baloncesto. Esas horas manoseando la revista Gigantes, escudriñando estadísticas, fotos, releyendo artículos una y otra vez. Esas otras horas, interminables, esperando la retransmisión del partido que tanto tiempo llevaba esperando o viendo cuándo el Claret (ahora Gran Canaria), jugaba en casa para subirme a Tamaraceite un par de horas antes del partido y ver a los jugadores de ambos equipos llegar, entre los muchos limpia coches y matadillos, que pululaban por el lugar —ciertamente alguno de ellos, los matadillos, quiero decir, han prosperado increíblemente—. No les pedía autógrafos, menos les pedía una foto; eran demasiado caras para un adolescente ochentero, me conformaba con un saludo furtivo de Willie Jones, Pera Vila, Berdi Pérez o cualquier otro de mis ídolos, locales o foráneos.

El programa con los habituales e ilustres invitados inducía a la evocación romántica, a la nostalgia, pero, y ahora viene el zasca, al autoengaño segador de la memoria. Oyéndolos parecía que el baloncesto vivió en un paraíso ideal en los ochenta, nada menos cierto. A poco que hagamos un poco de memoria y apliquemos un mínimo de pensamiento crítico resolveremos, al menos yo lo hago así, que en la mayoría de los casos el baloncesto actual ha mejorado notablemente.

En aquel baloncesto, como en el actual ,la competición real de la liga no existía. Se limitaba a dos equipos y sólo a veces, de forma muy excepcional, un tercero que procedía a ser convenientemente desmantelado a golpe de seudo realismo económico. En aquel baloncesto el jugador nacido en España era muy mayoritario (sólo dos extranjeros) pero, sin embargo, la calidad de éstos, de forma cuantitativa y cualitativa era claramente inferior a la actual. Cinco o seis grandes jugadores, otra docena de jugadores aceptables y un enorme bajón. La falta de competencia no promueve que los jugadores nacionales mejoren, si no que jueguen los que no lo harían si no fuera por un condicionante reglamentario (véase las ligas más restrictivas y compárese con los resultados del baloncesto español de selecciones en cualquier categoría; en deporte ,la competencia contra más feroz mejor funciona). En aquel baloncesto había carrusel radiofónico, es cierto, pero si no eras del Madrid o Barça mejor que no contaras con ver a tu equipo por la tele de forma continuada, y si lo veías alguna vez, mejor que supieras que iba a ser tratado como los "otros" durante toda la retransmisión. En aquel baloncesto los pabellones no estaban tan ocupados, eran más pequeños, eso sí, pero iban menos espectadores. Esto no es opinable, no dispongo de datos concretos, pero si alguien puede enseñar números de asistencia media, me gustaría verlos. En Gran Canaria el pabellón de Tamaraceite metía muy poca gente, luego en el CID, aunque caben algo más de cinco mil almas, rara vez se llenaba hasta bien entrado el actual siglo y por lo que recuerdo, en el resto de ciudades, incluídas la de los equipos futboleros, pasaba más o menos lo mismo.

En definitiva, la nostalgia es bonita pero poco realista. Por lo general y pese a lo que pudiera hacernos creer la memoria, cualquier tiempo pasado fue PEOR y salvo excepción,  las cosas tienden a la mejorar. Al menos, en deportes; la política, aquí ni mentarla. Así y todo, gracias de nuevo a uno de mis adorados podcast por, como en el cine, las series o las novelas, hacerme soñar con un mundo pasado, tan bonito como poco real.

martes, 28 de julio de 2015

Históricos: Willie Jones

Los que tuvimos la suerte asistir a la pasada final de la Eurocup, y además tenemos ya una edad (baloncestista y también, cómo no, de estancia en este planeta llamado Tierra) se nos movió algo por dentro cuando vimos aparecer en el vídeo marcador, entre otros grandes ilustres ex jugadores, al mítico Willie Jones.

Anotador incansable, delgado como el tobillo de un guirre, enormes ojos saltones y blancos como pelotas de pin pon en medio de su pequeño y negro rosto.
No parecía haber engordado un gramo y sus no pocos años, no creaban la apariencia de macular en exceso su porte, al contrario, desprendía esa energética vitalidad  escondida tras una timidez del que se sabe admirado y no tiene muy claro cómo conducirse al respecto.

Jones era, como ya he dicho antes, muy delgado y fibroso lo que podía parecer no muy adecuado para adentrarse en la zona, habitada por lo general por seres de peso muy superior al suyo. Pero su agilidad y viveza compensaba de sobra los pocos kilos y no demasiados centímetros (203) con los que contaba nuestra estrella aun no amarilla sino blanca, que era el color de la camiseta de aquel Claret previo al amarillo cabildicio.

Su primer contacto con el Granca se convirtió en un doloroso descenso y con ello su partida al Español de Barcelona.  Ese no fue el final de su historia con nuestro equipo. Volvió ya cuando residíamos en el CID  a hacer compañía del no menos mítico Gregg Stewart.

Fueron años duros en lo deportivo y en los despachos pero dejaron un poso responsable de lo que tenemos en la actualidad. Los que nos subíamos a Tamaraceite a ver a Willie lo hacemos ahora a Siete Palmas para ver a otros. Las cosas cambian... o no tanto.