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jueves, 28 de enero de 2016

Edy: recapitulación de medio curso

En estos días la NBA completará la mitad de la temporada regular. Un momento apropiado para un primer aunque incompleto análisis de resultados.  Aquí nos centraremos en la trayectoria de nuestro canterano (el segundo en la liga americana) Edy Tavares.

No podemos dar buenas noticias, prácticamente no juega y cuando lo hace no permanece mucho tiempo en el parquet. Bien es cierto que lo poco que juega lo hace al nivel exigible pero desde luego no es suficiente para estar satisfechos.

Dicho esto me adelanto a los habituales pájaros de mal agüero y antes de que se regodeen en calificativos que vayan desde "fracaso sin paliativos" a  "ridículo espantoso", me atrevo a calificar lo que va de curso como "progresa adecuadamente", incluso como "trabajo bien hecho”. Antes de que los ya citados detractores de todo y residentes en villa mediocridad me lapiden por mi atrevimiento, intentaré explicarme. Incluso procuraré hacerlo con argumentos.

La vida de un rookie de la NBA suele ser dura y poco visible. Habitualmente nos fijamos en los mejores, los aspirantes a ser el mejor del año. Primeras rondas que por méritos y visibilidad tienen la confianza (más o menos) de sus entrenadores, pero hay otros que tienen que trabajar duro y además hacerlo fuera de foco para en un futuro disfrutar o no de una oportunidad en la mejor liga del mundo. Cuando encima eres aún jugador en formación esto lo complica todo un poco más si cabe. Es cierto sin embargo, que los medios materiales y de entrenadores que están a disposición de Edy  son enormes y que entrena y ve jugar a los mejores jugadores del planeta.  Paciencia y capacidad de asimilación son los ingredientes necesarios para la mejora y la ansiada oportunidad.

La historia de la NBA está plagada de jugadores que entraron de puntillas y se convirtieron en excelentes jugadores;  John Stars, Tyrone Lou etcétera. Cuando tienes las capacidades físicas y la voluntad de trabajo de Tavares no hay motivos para no soñar con el éxito.

Los privilegiados que  presenciamos la trayectoria desde cero del caboverdiano  y hemos comprobado hasta qué punto se hacía determinante en todo lo que ocurría en el juego cuando él se encontraba en la cancha, sabemos que en el momento que los Hawks cuenten con su concurso empezará a sumar. Siempre suma. Un jugador con su envergadura y con las normas defensivas de la NBA lo haría casi sin querer.

Claro que los bobicriticos de costumbre, esos que aprovechaban cualquier error de Edy para tildarlo de paquete agarrándose al peregrino argumento de que con ese tamaño no se puede fallar, esos que por lo que se ve en su vida profesional no conocen el error y sólo acumulan éxitos y elogios en sus incomparables carreras no entenderán nada de esto. Dirán que no juega porque es malo, que la NBA le queda grande. Son argumentos que ya usaron antes al hablar de Marc Gasol o mucho antes de Fernando Romay. Pero yo apuesto que, con un poco de suerte y con el trabajo que le doy por descontado que invertirá, nuestro canario de Cabo Verde va a terminar por ser uno de los jugadores defensivos más determinantes de la NBA

jueves, 12 de noviembre de 2015

Hermanos ACB

La genética, por los requerimientos físicos inherentes al deporte típico de los gigantes, es un factor a tener en cuenta. El porcentaje de la población con posibilidades reales de acceder a la élite del baloncesto es inferior al de otros deportes que las características anatómicas no están tan marcadas. Eso hace que si compartes los genes y estos son los adecuados tengas más posibilidades de éxito. Hermanos en la élite deportiva los hay en todos los deportes, pero probablemente el baloncesto sea de los que más fraternidad, de la de verdad, de la que viene registrada en documento público, puede esgrimir.

Eso si la genética puede no ser equitativa a la hora de distribuir sus dones. Los San Epifanio no fueron bendecidos por igual, mientras que el que fue conocido como Epi II demostró ser uno de los jugadores más completos de Europa, su hermano primogénito se vio relegado a un segundo plano honroso aunque tengo para mí que incomodo en su fuero interno, todo el que tenga hermanos lo entenderá. Los Arcega tampoco se repartieron bien la herencia familiar, mientras que uno apenas pasaba del metro ochenta el otro superaba ampliamente los dos metros, imagino choteos  familiares durante la infancia. 

Fernando y Antonio Martín marcaron una época inolvidable del baloncesto español, época truncada de la peor de las maneras y finiquitada con la pronta retirada del superviviente de dos de los mejores jugadores interiores del baloncesto español y europeo. Su hueco lo rellenaron los dos hermanos Reyes el pequeño aun lo hace.  En muchos aspectos  son parecidos los cuatros, aunque no carecían/carece de talento su fuerte siempre fue el pundonor y la capacidad de mejora constante.  Puede que el siguiente paso sean los Hernangómez, el tiempo lo dirá pero desde luego la pinta que tienen es magnífica. A los Gasol ni me molesto en describirlos, quien no tenga ya claro lo que son para nuestro deporte los de San Boi bien harían en dejar de leer y apuntarse a una liga de petanca, boliches o lo que es peor, fútbol.

Me he guardado para el final a los nuestros. Modestos, bien es cierto, pero para nosotros los más cercanos y queridos: los santauteños Alvarado, su brillo no les dio para destacar en la ACB pero si para jugar minutos importantes y demostrar el basket que llevaban en la sangre, Oscar ha cambiado de isla y se enfrenta a una oportunidad que le puede llevar de regreso a la ACB  y quién sabe si el regreso a casa,  que es donde mejor se está. De los Guerra, fue Roberto el que dio más de su susodicho nombre siendo historia viva del club amarillo y uno de los favoritos de la afición. No sería una tontería ver su camiseta colgada del Arena, desde luego que no  y ya para acabar, nos tocó de soslayo otro hermanísimo, solo uno de los dos: Txemi Urtasun no tuvo suerte en forma de inoportunas lesiones pero siempre que pudo demostró su clase y sobre todo su esfuerzo para ayudar al equipo.