Estos días el mercado del baloncesto es un no parar de movimientos; ventas, traspasos, rumores, dinero... Tanto en Europa como en el (aún más rico gracias al nuevo contrato televisivo) mercado NBA. Los equipos que están en la parte más alta de la cadena alimenticia llevan la iniciativa y a los demás les toca esperar y rezar para no ser parte del almuerzo de uno de los depredadores habituales.
Pero este año, oh sorpresa, oh bendita y benévola providencia, no son nuestros enemigos naturales; Madrid, Barça o —en menor medida— Málaga, Baskonia y Valencia quienes se están poniendo las botas en el enyesque. De hecho, los equipos futboleros son los principales damnificados del voraz apetito americano y de sus ricos propietarios. Satoransky, Chacho Rodríguez, tal vez Rudy o pronto Llull encabezan el menú.
Cuando los esquilmados son los equipos modestos esto se recibe con normalidad; lógica de mercado, realidad indiscutible, incluso como algo positivo para el baloncesto. Un buen jugador no lo es de verdad hasta que no juega en un grande (uno de los dos, claro). Pero cuando los verdaderos "peces gordos" del basket se llevan a las estrellas allende los mares estos mismos contemporizadores claman al cielo, el apocalipsis se acerca y es el fin del juego del balón naranja, nos roban nuestra materia prima. Nuestra liga es en realidad la liga de ellos. Los demás comparsas necesarias, únicamente eso.
Por eso, yo, cuando la NBA se lleva a las estrellas de los grandes, me alegro. Por romanticismo de bandolero, por justicia poética, por rencor de pobre. Sí, pero también porque por desgracia la única forma de igualar la ACB es debilitando a los de arriba. Lo natural seria que los pequeños pudieran crecer, pero el sistema que nos hemos otorgado ya se encargó de que eso fuera cuasi imposible. Es lo que hay, es lo que somos.
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jueves, 7 de julio de 2016
jueves, 21 de enero de 2016
Son (somos) de oro
Este año celebraremos el décimo aniversario del mundial de Japón. Mundial que tomamos como el inicio de la plenitud de una generación que diez años después y con una edad que suele venir de la mano de un declive más o menos pronunciado pero del que pocos escapan al contar treinta y cinco vueltas a la órbita de la estrella enana que nos reconforta. En el equipo campeón del mundo algunos habían llegado antes y otros se fueron integrando poco a poco pero han mantenido un nivel competitivo nunca conocido y al que añoraremos y quizás valoremos en su justa medida cuando seamos una selección más, con pros y contras pero no como la que somos actualmente, una referencia, el "rival", la alternativa a los USA.
Desde ese verano nipón a hoy nos hemos dejados los ojos a base de frotárnoslos incrédulos ante las exhibiciones de Pau, Navarro, Calderón, Reyes etcétera. La geración del ochenta y sus satélites anteriores y posteriores son un ejemplo de la excelencia en el los deportes colectivos, de cómo los límites suelen encontrarse a varios kilómetros de donde trazaríamos la línea si nos preguntaran por donde los situaríamos en una valoración objetiva de los mismos. Que el mayor de los Gasol sería bueno se veía desde junior, que sería el mejor de su generación lo hubieran asegurado menos, que triunfaría en la NBA muy pocos, pero que la prensa especializada americana lo incluyeran entre los diez mejores ala pívots de la historia, eso no creo que nadie lo soñara por mucho que le diera a las drogas recreativas para mejorar la calidad del sueño onírico.
No todos los júnior de oro alcanzaron el éxito. Algunos ni siquiera fueron profesionales o lo fueron en un segundo plano cuando no en ligas menores. Hubo incluso alguno con una carrera decente pero con serios problemas personales que no acabaron de la mejor manera. De entre los que si llegaron al top del baloncesto lo hicieron a distintos niveles; estrellas NBA o jugadores de rotación ACB. Como en la vida misma. No podía ser de otra forma.
Pero sí que estos chicos y sus aventajados discípulos (Chacho, Rubio, etc.) tienen algo que no se ve habitualmente en la vida: humildad, trabajo bien hecho, disciplina, ambición que no avaricia, inteligencia emocional (y de la otra no sé si más o menos importante), trabajo para y con el equipo (léase colectivo). En definitiva un montón de virtudes que son imprescindibles para ser mejor persona y ciudadano. No es necesario jugar un all star para que este ejemplo nos sea útil.
Desde ese verano nipón a hoy nos hemos dejados los ojos a base de frotárnoslos incrédulos ante las exhibiciones de Pau, Navarro, Calderón, Reyes etcétera. La geración del ochenta y sus satélites anteriores y posteriores son un ejemplo de la excelencia en el los deportes colectivos, de cómo los límites suelen encontrarse a varios kilómetros de donde trazaríamos la línea si nos preguntaran por donde los situaríamos en una valoración objetiva de los mismos. Que el mayor de los Gasol sería bueno se veía desde junior, que sería el mejor de su generación lo hubieran asegurado menos, que triunfaría en la NBA muy pocos, pero que la prensa especializada americana lo incluyeran entre los diez mejores ala pívots de la historia, eso no creo que nadie lo soñara por mucho que le diera a las drogas recreativas para mejorar la calidad del sueño onírico.
No todos los júnior de oro alcanzaron el éxito. Algunos ni siquiera fueron profesionales o lo fueron en un segundo plano cuando no en ligas menores. Hubo incluso alguno con una carrera decente pero con serios problemas personales que no acabaron de la mejor manera. De entre los que si llegaron al top del baloncesto lo hicieron a distintos niveles; estrellas NBA o jugadores de rotación ACB. Como en la vida misma. No podía ser de otra forma.
Pero sí que estos chicos y sus aventajados discípulos (Chacho, Rubio, etc.) tienen algo que no se ve habitualmente en la vida: humildad, trabajo bien hecho, disciplina, ambición que no avaricia, inteligencia emocional (y de la otra no sé si más o menos importante), trabajo para y con el equipo (léase colectivo). En definitiva un montón de virtudes que son imprescindibles para ser mejor persona y ciudadano. No es necesario jugar un all star para que este ejemplo nos sea útil.
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