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martes, 5 de abril de 2016

Siempre con el equipo

Con la cabeza puesta en mañana, en el momento de poner rumbo al Gran Canaria Arena llenos de nervios e ilusión para vivir una semifinal aliñada con mucha épica de remontada, tenemos los ojos puestos en otros lugares.

Por un lado vemos como la asamblea de la ACB acepta la propuesta de competición de clubes internacionales que privilegia a tres equipos respecto al resto, más allá de cualquier resultado deportivo. Nos queda una sensación de profunda incomprensión y una pregunta (de la que reflexionaremos en próximos post) ¿Por qué los otros 15 clubes aceptan una propuesta que les perjudica y condena a la insolvencia?

Pero mis ojos se fijan más en un hecho que soy incapaz de comprender y que me preocupa que sea contagioso. Informándome, con algún tipo de detalle, de los resultados de la jornada ACB que dejamos atrás me entero que tras la derrota del Valencia Basket contra el Baloncesto Sevilla y, quince días antes, en la derrota de los valencianos versus el Estudiantes, su afición tuvo a bien silbar a su equipo.

La afición valenciana siempre ha sido “exigente” por decirlo de algún modo elegante. En muchas ocasiones han metido más presión que apoyo a sus clubes (no sólo en baloncesto). Pero me parece especialmente incomprensible que sean capaces de abuchear a su equipo tras el “temporadón” que está haciendo.

¿La humildad ha desaparecido por completo? No nos deberíamos contagiar por ese defecto de la prensa deportiva-futbolera. Competir en una liga como la ACB es muy complicado, hasta el equipo más humilde tiene jugarazos de gran nivel. El GBC, último clasificado, tiene jugadores de garra como Llompart, Txemi Urtasun, David Doblas, Landry o Grimau. El Estu tiene a Nacho Martín, Javi Salgado, Xavi Rey o Hernángomez. ¿Acaso creemos que no saben jugar a esto?

Cualquier equipo puede ganar a cualquiera. Sólo hace falta un día inspirado o justo lo contrario, para que se dé un resultado “imprevisible”. Perder de vista que esto es un deporte, hecho espectáculo, pero un deporte es un enorme error. Una vez sobre la cancha no hay sueldos, ni palmarés, ni fama: sólo hay personas que compiten y eso siempre es imprevisible.

Perder la humildad, creernos más que nadie, es un terrible peligro que corremos ahora que nos van mejor las cosas. Pensar que por ser el Granca ya debemos ganar irremediablemente a quien sea es un error de orgullo mal entendido que nos puede llevar, no sólo a grandes disgustos, sino a ser injustos con nuestro equipo y ser una mala afición.

Al equipo se le anima siempre, se le apoya y se le agradece el esfuerzo. Y si durante una gran temporada se tiene un bache, por profundo que este sea, se les aplaude y anima a salir de ese hoyo.

Nunca he silbado al Granca y nunca lo haré. Me da igual lo rematadamente mal que lo hagan, pueden generarme indiferencia, pero sé que nuestro papel es siempre el de apoyar y no el de atacar. Más cuando las derrotas no vienen por apatía o desgana, que es lo único inaceptable.

Estoy muy apenado por la afición del Valencia. Los jugadores naranjas sólo podrán decir que el público es soberano, pero yo, que ni me va ni me viene, digo que es muy decepcionante un comportamiento así. Espero que el Gran Canaria Arena jamás caiga en eso.

Mañana, pase lo que pase, debemos aplaudir por igual a nuestro equipo. Da igual si pasamos o no, lo realmente importante es que este grupo nos ha llevado hasta aquí, nos ha dado una final de Copa. Tenemos que recordarles lo que es la afición del Granca, que celebra el esfuerzo de su equipo tanto como los títulos.

viernes, 19 de febrero de 2016

Esto si es la #CopaACB


Ya han pasado unas de horas desde que se apagaron los focos. Las emociones van poco a poco rebajándose. Las celebraciones se convierten poco a poco en ilusión, interés y emoción por jugar una semifinal que nos dé acceso a nuestra segunda gran final, la primera a una competición top española.

Ha sido una jornada de esas en las que los aficionados al basket patrio recordaremos durante años. Muchas veces en este blog hemos hablado de lo previsible y terriblemente pesado que se está volviendo nuestra liga (tantas que más de uno se habrá aburrido de leerlo). La Copa ACB, aunque siga generando esa ilusión increíble que propicia su sistema de competición, también estaba algo deslucida como ya hemos comentado. Pero hoy no ha sido así, hoy hemos vivido una verdadera jornada de Copa.

La Copa de las sorpresas, la Copa de la emoción, la Copa en la que todos pueden ganar. Hoy hemos tenido una jornada de esa Copa. El FC Barcelona con veinte millones más de presupuesto que el Basket Bilbao Berri no ha podido imponer su clarísima ventaja. El Bilbao, con fuerza, consistencia, buena defensa y sobre todo actitud ha dado la sorpresa.

Nuestro Granca, ante el impresionante Valencia Basket que hasta hoy sólo había perdido en una ocasión en la Liga ACB, ha sabido ganar tras remontar por dos veces desventajas de más de diez puntos.

Ha sido una jornada especial porque:

El Granca ha pasado a semis jugando con sus principales señas de identidad (defensa, intensidad y carácter) sumado a las aportaciones de talento inmenso.

El Granca ha superado los cuartos por primera vez con el Gran Capitán en la plantilla y además aportando valiosos minutos de defensa e intensidad, como no podría ser menos por su parte.

El Granca ha ganado a un cabeza de serie viendo, por fin, como dos jugadores llamados al estrellato y que habían pasado a un segundo plano se han revindicado como fundamentales y letales en ambas remontadas: Pablo Aguilar y Xavi Rabaseda.

El Granca está en semifinales con la convicción de que no está de prestado o por “fortuna” sino porque es un equipo serio y que, ahora vemos claramente, es un muy serio candidato a estar en toda una final de la Copa ACB (siempre guardando el mayor de los respetos al Bilbao que es, sin duda, otro pedazo de candidato de altísimo nivel).

El Granca logra pasar tras el sinsabor del año pasado en el que nos sentimos favoritos y la Penya nos dio una lección.

El Granca ha hecho historia deportiva gracias a que Kevin Pangos y Alen “T-Rex” Omic, tras momentos de nervios y debilidades, demostraron que son dos talentazos que van a dar mucho que hablar en este deporte.

Por un montón de cosas más hoy será difícil dormir y precisamente por ello nos acordamos de una frase de un grande del Granca que hoy pasará muy mala noche y que dijo en su momento que en noches como hoy tenemos que “dormir poco y soñar mucho”.

Truena y llueve en Gran Canaria… y hace una noche buenísima.

#VamosGranca

martes, 16 de febrero de 2016

La ilusión de un niño

Desde que empecé a ver el basket hace tanto, y a la vez, tan poco tiempo, tengo en mi memoria la cita de la Copa ACB. Recuerdo cómo se me hacía súper larga la espera entre el final de la primera vuelta y la celebración de la misma, y como aluciné cuando, trabajando para el Granca de “mopa”, nos logramos clasificar por primera vez.

La Copa tenía dos ingredientes principales: por un lado esa química que contagiaba incluso a través de la televisión de entre todas las aficiones que se juntaban ese fin de semana en una sola ciudad, y por otro, esa especie de ilusión inocente, como la de un niño antes de su cumpleaños o de los Reyes Magos.

Por ajeno a un análisis racional que fuera, todas las aficiones íbamos a la Copa ACB con la sensación de que podíamos ganar, podíamos competir. En los Play-Off había que ganar dos o tres partidos a un rival, casi siempre superior y claro, resultaba menos esperanzador. Pero en la Copa sólo había que ganar tres partidos, tres buenos días, una buena racha y tendrías un título
.

Además, todas las aficiones de la ACB tenemos más o menos borroso el recuerdo de aquel legendario Manresa de Chichi Creus que logró ganar la Copa. Casi nadie recuerda el pedazo de equipo que tenían, para muchos será solo una especie de leyenda de la que no tienen recuerdos reales (yo mismo) y es que sigue siendo un referente, pese a que este año se cumplen veinte años de aquella edición (deprimente dato para muchos, como el co-autor de este blog, que tiene más años que un bosque).

Por todo esto, por improbable que sea, aunque tengas al duendecillo de la razón gritándote al oído que lo más probable es que el Valencia Basket te pase por arriba, casi todos los aficionados al baloncesto y al Granca afrontamos esta semana casi como niños en la víspera de reyes, con la esperanza de tener los regalos más sorprendentes e ilusionantes, a vivir la magia en estado puro, aunque algo en nuestro interior nos diga que lo más probable es que termines un poco decepcionado.

Como los niños cuando maduran, al final terminas por disfrutar más del proceso que del propio resultado. Así que, todos a vivir con emoción la Copa ACB.

#VamosGranca

martes, 26 de enero de 2016

Un sorteo lleno de sorpresas

Este pasado lunes se ha celebrado el sorteo de la Copa ACB. No hace tanto tiempo, la Copa del Rey era el evento más interesante y emocionante, por mucho, de todo el básquet patrio e incluso de Europa (salvo por la Final Four). En cambio, en los últimos años este evento es tan predecible como un capítulo de CSI, si en la serie al final siempre hay algún pelo que cierra el caso, en la Copa siempre hay una final Barça-Madrid.

En los últimos cinco años sólo una vez la final no ha sido Barça-Madrid (2013 Barça-Valencia) y, por supuesto, ganó el FC Barcelona. Tendríamos que irnos a 2009 para ver otra final sin ningún equipo de fútbol y, por tanto, el último campeón que no sea financiado por futbodolares*.

Para que esto sea posible, la “suerte” caprichosa ha tenido un importante papel. La diosa Fortuna ha tenido a bien colocar siempre a los dos clubs de fútbol en lados opuestos del cuadro para, de este modo, propiciar que sólo se enfrenten en la final. Dado que siempre tiene muchísimo mejor equipo que el resto, lo normal, es que terminen jugando juntos la final ahogando y desesperando a las aficiones rivales (en la mayoría de los casos más fieles y numerosas).

Contra todo pronóstico y sin despertar ningún tipo de sospecha que ponga en duda la honestidad de los organizadores del sorteo, una vez más, el Real Madrid CF y el FC Barcelona sólo se encontrarán en la final. ¿Qué posibilidades hay de que esto ocurra 6 de 7 veces seguidas? Pues ocurre ¡oh, Impredecibles designios de la fortuna!
En lo que corresponde a nuestro CB Gran Canaria nos tocará enfrentarnos al rival más en forma de toda Europa, al menos a día de hoy, lo que no resulta muy alentador. Habrá que ir con toda la vocación de amargarle el “finde” a nuestro querido Pedro Martínez pero resulta muy fácil caer en el pesimismo. Una competición en la que somos ya casi fijos pero que se nos da francamente mal.

En algún momento habrá que darse cuenta de algo tan obvio. La participación no controlada de los clubs de fútbol en las competiciones de baloncesto (y otros deportes) desvirtúa y destroza el espectáculo. Todo se reduce a sus enfrentamientos dejando al resto de clubs como meros comparsas. Lo repetimos hasta la saciedad porque no entendemos cómo no lo pueden ver el resto de clubs.

Lo que era el momento más divertido del año, cada vez me da más pereza por lo horriblemente previsible que resulta. Deseo equivocarme, deseo que el Granca pase a semis y más, que la Copa la gane cualquier equipo que no se financie de forma injusta (ya sea por el fútbol o por la antideportiva Euroleague) lo deseo, pero no es probable. Lo probable es que al final ni vea la final, porque será una vez más, el show de los futboleros y me resulta más apetecible un palillazo en un ojo que otro clásico repleto de futboleros.

Finalizo con la tesis de éste y otros muchos post coreada por todas las aficiones de BA-LON-CES-TO en la Copa del año pasado: Estoy hasta las gónadas del Barça y del Madrid.



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*En ese caso fue un equipo financiado por la “muy justa” Euroleague y sus cupos (Saski Baskonia).