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jueves, 5 de noviembre de 2015

Optimizar jugadores

A nadie se le oculta que las diferencias de calidad o capacidades físicas entre jugadores puede ser abismal.  Si cuentas con al menos una de las dos, tus posibilidades de hacer carrera en el baloncesto son bastante altas, si tienes las dos, el éxito está casi garantizado, a no ser que la cabeza no te dé ni para comprar el pan sin ayuda de una calculadora, GPS y  algún negociador de la policía. Pero ¿cuantos jugadores son capaces de optimizar al máximo los dones que le otorgó el hacedor del baloncesto? Única divinidad que este recalcitrante ateo está dispuesto a admitir fuera de Stevie Wonder. 

Entre los nuestros, un caso indiscutible de jugador con un rendimiento muy superior al  que se le podría exigir es Savané. El canario de Dakar no ha parado, durante toda su carrera, de mejorar lo aspectos de su juego que ya eran buenos y de paliar gradualmente sus carencias. La mejora en el porcentaje de aciertos en los tiros libres es una prueba palpable. 

En el otro lado siempre he tenido, para mí, a Jason Klein, al que por otra parte no se le puede reprochar nada en su comportamiento, nunca o casi nunca rindió al nivel que su potencia físico y enorme talento le hubiera permitido. Con una mano prodigiosa, unas piernas privilegiadas y unos fundamentos nada desdeñables pudo dominar la ACB  pero se quedó en "solo" un buen jugador. Puede que le faltara carácter -léase mala leche-  o ambición, no lo sé, pero desde luego no se acercó al techo de su potencial.

Cuál hubiera sido el palmarés de O´Neal si no fuera una buena medida profiláctica mandarlo a la línea de tiros libres o si hubiera sacado un tiro de media distancia razonable. Como se le hubiera parado, ¿con insultos? Y Bodiroga compitiendo durante diez años con jugadores de su nivel o superior ¿hasta dónde habría llegado? Un Odon centrado y sin problemas de comportamiento ¿dónde estaría? Jugadores conformistas, indolentes o que viven, muy bien de cuatro cosas pero que hubieran podido ser leyenda.

Me quedo con los Felipes Reyes del mundo, cansinos para el rival pero que cada año vienen con una nueva cualidad, Ibaka y su cada vez más amplio repertorio de fundamentos sin descuidar sus cualidades. Marc Gasol;  el trabajo y sacrificio para no verse lastrado por su físico. 

Inconformismo, ganas, ambición, humildad son las características reales de los más grandes. Sí no lo das todo y un poco más nunca serás uno de los poco elegidos para  la historia. Sí lo das, a lo peor, tampoco pero nunca tendrás que lamentarte de tratar de imaginar ningún "podría"  sino que disfrutaras de tus  "pude".


jueves, 22 de octubre de 2015

Juguetes rotos

Los duros días que está pasando Lamar Odom, uno de los jugadores con más clase que hayan pisado una cancha de baloncesto, viene a recordarnos que en no pocas ocasiones, aquellos que destacan en el mundo del deporte no saben sacar rentabilidad más allá de lo económico a sus carreras, arruinando cada una de las demás facetas de su vida.  De hecho incluso el disponer de una cantidad ingente de dinero sólo les procura un más rápido hundimiento es sus vicios y debilidades, sin que ningún allegado legitimo o interesado pueda o quiera ayudarlo a salir de un pozo cada vez más profundo y oscuro.

No necesitamos citar ejemplos para entender la cantidad de deportistas de élite afectados por los estragos de sus éxitos, no todos ellos con la notoriedad de Odom y sus excesos. Ver a futbolistas de vasta carrera malviviendo con empleos mundanos, como cualquier hijo de vecino, cuando han dispuesto de cuentas corrientes mareantes, con toda seguridad está relacionado con el tipo de vida y costumbres que podían sostener con el beneplácito que reservamos para los niños mimados de nuestra sociedad, conducta solo afeada una vez dejan de valer para nuestro entretenimiento semanal.

En el caso del baloncesto, en España ocurre menos pero solo por la menor dimensión de este deporte en nuestro país.  Si trasladamos el ejemplo a los Estados Unidos el problema se agrava considerablemente. La precaria situación social en los ambientes en los que suele criarse una gran parte de la sociedad negra norteamericana, hace que no dispongan de una base ni económica ni educativa que los prepare mínimamente para desenvolverse en un mundo híper profesional como es el deporte de élite.

Realmente poner solución a un problema con tantas aristas ni es fácil ni se encuentra en el estricto ámbito del deporte, pero lo que sí está a nuestro alcance es comprender que, esas estrellas, esas personas a las que vemos desde una distancia que puede hacernos creer que viven en un paraíso terrenal o ser tan afortunadas como creemos y que el hecho de que ganen mucho dinero no debería anestesiar nuestra empatía.