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martes, 16 de agosto de 2016

Terrible plaga de expertos

Es terrible, aterrador… hasta a Piqueras le cuesta encontrar una adecuada definición para tan espantosa situación: estamos sufriendo una plaga de expertos en baloncesto.

Partamos de la base de que, el que escribe estas palabras, dista por mucho de ser experto en baloncesto… aficionado con aspiraciones como mucho. Obviamente esto no me incapacita para opinar, pero siempre es bueno hacerlo desde cierto desenfado y, muy especialmente, desde la modestia más profunda.

Durante el, sin duda, mejorable comienzo de las olimpiadas por parte de la Selección Española Masculina de baloncesto, las críticas destructivas, ácidas, incompasivas fueron torrente en las redes sociales (en especial en Twitter).

Se trataba a Ricky casi de paquete, se dudaba del nivel de tantos, de falta de implicación e incluso de que Calde no quería “hacer equipo” por no brincar en no sé qué triple. Dudar de su calidad, de su actitud, de todo… Pero más allá de las críticas en contenido, lo peor era el tono. Cómo ya hemos tratado anteriormente en este blog, la falta de empatía, de comprender que, más allá, de estrellas del deporte son personas con sus problemas, luces y sombras, es asombroso. Les tratamos como si fueran seres incapaces de sentir. (1)

Es obvio que Ricky Rubio tiene un problema con el tiro exterior. Lo sabe él, lo sé yo y lo sabes tú. Lo sabemos todos. Pero aun así es un jugador simplemente impresionante, que va tres pases por delante del resto de jugadores y que es capaz de jugar a una velocidad que llevaría al colapso a muchos.
¿Qué decir del resto? Cuando por fin se ganó contra Lituania se vino a insinuar que poco más o menos los lituanos se habían dejado. Un país en el que el basket es, por mucho, el principal deporte se dejó ganar contra uno de los favoritos y por cincuenta, ni más ni menos. Hasta en una victoria aplastante se duda de ellos.

La realidad, más allá de la afición a la crítica fácil y despiadada, más allá del concurso de “a ver quien dice la burrada más gorda”, es que este equipo puede perder en cuartos de final y aun así estar absolutamente seguro de que jugando al nivel que lo hizo ante Lituania o Argentina sólo EE.UU. nos puede parar. El principal problema de este grupo es ser capaz de alcanzar su nivel, superando la edad (que pesa), los picos de feeling con el tiro y demás.

Francia saldrá con el cuchillo entre los dientes, la derrota en el EuroBasket les dolió una barbaridad y desde luego querrán echarnos más, incluso, que pasar ellos. Será un auténtico partidazo casi con toda seguridad y un enorme placer disfrutar de semejantes equipos.

Podríamos pararnos, disfrutar del espectáculo, del deporte que amamos y dejar la actitud “tertuliano” para otra ocasión mejor.


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1.- Permítanme adelantarme al típico comentario “cuñadil” de “más problemas tiene un señor que trabaja doce horas para dar de comer a su familia” porque es bastante pueril. Sí, obviamente ser jugador de basket profesional es una situación de absoluto privilegio, ganan un pastizal haciendo un trabajo que les encanta. No obstante, como todo ser humano pasa por situaciones personales y profesionales desagradables. No ser un esclavo del sistema no te convierte automáticamente en la felicidad constante y además, ser deportista profesional no es precisamente el trabajo más fácil del mundo. 

jueves, 5 de mayo de 2016

Empatía e inmediatez.

Las redes sociales, el bombardeo masivo de información y el modo de hacer televisión y radio nos han llevado a vivir un momento en el que la reflexión está en peligro de extinción. Las opiniones apenas germinan en nuestras cabezas son emitidas sin cocinar directamente en 140 caracteres, un breve post de Facebook o un comentario en una tertulia televisiva o radiofónica.

Este veloz proceso descarta por completo dos ejercicios básicos a la hora de obtener una opinión más o menos justa e interesante: intentar empatizar con el objeto de nuestra opinión y reflexionar sobre los distintos aspectos que participan en la situación comentada.

¿Qué tiene que ver todo este rollo con un blog de baloncesto o del Granca? Pues mucho, me explico.

Como sabrán, solemos comentar vía twitter durante los partidos del CB Gran Canaria fuera de casa y de forma más breve en casa. Además intentamos leer no sólo a quienes seguimos, sino a algunos de los que nos siguen o simplemente comentan cuestiones del partido en hasta o similar. Escuchamos la radio o los “comentarios” a las crónicas en la prensa digital etc.

Todo esto nos lleva a leer y escuchar en demasiadas ocasiones opiniones gruesas, casi ofensivas y que tratan a los jugadores como si no fueran personas. A muchos no le tiembla el pulso al decir “Savané está para el arrastre” y probablemente no pensaron ni medio segundo como les sentaría que alguien dijera eso de ellos en su profesión y, además, públicamente. “Los bases están fatal”, “no se han esforzado”, todo vale antes que hacer una valoración ponderada teniendo en cuenta la naturaleza del deporte, la evolución del estado de forma de cualquier deportista de élite, lo que hicieron el partido anterior o simplemente la empatía para con quien puede tener un mal día como tenemos todos.

Por eso, y lo notaran, hacemos un gran esfuerzo por que nuestras opiniones sean “amables”. Pero ¿por qué? ¿Acaso no debemos decir cuando el equipo juega mal o cuando alguien esta fuera de forma? No, no se trata de eso… Hay muchas formas de decir las cosas y eso es lo que me parece más importante.

Yo como todos noto cuando Brad ha bajado un poco el nivel, igual que lo noté en su momento con Jimbo, claro que noto que Taph ya no es aquel toro con clase que lo mismo paraba a un gigante que te hacía un fade away en suspensión infalible. Pero respeto y admiro profundamente el esfuerzo y energía que han entregado por nuestro entretenimiento, emoción y disfrute. Por eso, sin dejar de hacer la valoración que sea oportuna, puedo reflexionar y reposar mis pensamientos inmediatos y ser más justo a la hora de opinar.

No nos dejemos contaminar por esa perversa costumbre de la crítica despiadada para sentirnos “más acertados” en nuestra opinión, ni queremos ser los primeros en decir nada. La mirada amable  y calmada siempre es más justa.