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jueves, 3 de marzo de 2016

Itu Itu Itu...

Foto: http://www.defensacentral.com/
En mis primeras experiencias con el baloncesto el parquet solía ser marrón oscuro, los pantalones de juego parecían calzoncillos, un par de tallas pequeños, y la línea de tres aún no había sido instaurada o acababa de hacerlo —no es necesario afinar más, ya te puedes hacer una idea de mis muchos años en el planeta—. Los primeros partidos que ví en televisión eran los enfrentamientos europeos del Real Madrid y la selección española conquistando Hollywood. En ambos casos, uno de los protagonista era sobre quien hablaré en esta pieza, espero que afinada o al menos, no aburrida. El hermano del líder mediático y comidista Mikel López Iturriaga —Juan Manuel, creo que se hace llamar—. Era parte fundamental de un baloncesto vivo, ágil, y alejado de la dictadura de los físicos  hercúleos, que actualmente y si el profeta Curry no lo impide, seguirán tiranizando el baloncesto.

Pese a la fama y el indeleble apodo Itu no sólo corría el contraataque. Era un jugador que tuvo que competir contra y con unos jugadores míticos del baloncesto español: Epi, Sibilio,Margall (Villacampa en la selección) o Jackson, Townes, Del Corral en su equipo. Y no desentonó cuando los banquillos, no es que no fueran profundos, es que prácticamente eran intrascendentes. Si repasamos estadísticas ochenteras comprobaremos con asombro que raramente jugaban más de siete jugadores por equipo, y que los no titulares probablemente no alcanzarían la decena de minutos de juego; jugarse los partidos enteros era el pan nuestro, y salir de la rotación la muerte deportiva.

Y ahí teníamos a nuestro Itu compitiendo a buen nivel, con un repertorio, como ya he comentado, que iba más allá de ser un palomero o tratar de romperle el puño a Mike Davis con la cara. Tengo que admitir que en ocasiones, la vanidad me puede y presumo de ser más viejo de lo que soy en realidad. Por eso, mis recuerdos del juego de Iturriaga no son demasiado nítidos. Lo que recuerdo es: un jugador rápido; capaz de anotar con cierta regularidad, a pesar de no ser un especialista en el tiro, gran defensor, buen físico, y mucho corazón, quizás demasiado.

En la recta final de su carrera abandonó el Madrid y puso rumbo a su tierra bilbaína —no se puede ser más de Bilbao que Itu, la verdad—. La salida no estuvo exenta de cierta polémica y oscurantismo, Petrovic y su polémica sombra estaban ahí, aunque nunca se supo hasta qué punto fue determinante su papel. El caso es, que en el por aquel entonces llamado Caja Bilbao, Iturriaga jugó, por primera vez, en nuestro añorado Centro Insular de los Deportes. En ese partido mi objetivo principal fue fijarme en ese jugador al que siempre había visto por la tele y que ahora trataba, —sin éxito ese día—, de hacer hincar el pico a mi Granca.

Iturriaga no tardó en  retirarse. Aún bastante joven, la verdad, pero era otra época y otro baloncesto. Perdimos un jugador pero ganamos un hito mediático, un tipo divertido e inquieto que ha hecho de todo, y casi siempre bien. Una medalla de plata olímpica, de la que no le gusta presumir, —pese a lo mucho que le presionan para que lo haga—. Una estrella no al nivel de Mikel... pero casi.

jueves, 19 de noviembre de 2015

La puerta chica


Este último fin de semana vivimos nuestro particular derbi con los vecinos de la isla picuda, como viene siendo costumbre los últimos años el Cantera Base 1939 Canarias nos venció en su Hamburguesa[i]. Gran parte de esa victoria vino de manos de uno de los nuestros, ahora aurinegro, que decidió dar lo mejor de sí el peor día para nuestros intereses: Javi Beirán.

Javi Beirán no es un jugador más de los muchos que han pasado por el CB Gran Canaria a lo largo de los años. Javi, si se me permite las confianzas, es uno de esos jugadores que combina divinamente las labores de un especialista (tirador) con la intensidad, la entrega y la buena defensa que nos ha gustado siempre ver en el CID (y ahora en el GCA). Es sin duda un buen ejemplo de eso que llamamos “Espíritu Granca”.

Sin embargo, Javi Beirán no se fue en honor de multitudes con toda la pompa con la que se fueron otros y tal vez la merecía: quienes dan todo lo que tienen, no están obligados a más. Probablemente en X años sus números en el club no sean algo súper memorable, pero desde luego los más fieles tendremos siempre en la memoria a jugadores como Javi que probablemente se merecieran más atención.

Esto nos lleva a reflexionar sobre este problema en el Granca. De un tiempo a esta parte y básicamente con Pedro Martínez, Sitapha Savané y, por supuesto, Jim Moran la afición del Granca ha tenido una merecida fama de “bien agradecida” para con sus ídolos. Los homenajes espontáneos u organizados a ellos tres fueron muy sonados. Así como también siempre la afición es muy agradecida con Jaycee Carroll. Más o menos tímidos, siempre se escuchan aplausos a los “ex” salvo excepciones hechas de aquellos que se fueron bajo alguna sospecha (sirva de ejemplo Ryan Toolson).

En cambio, hay unos cuantos jugadores, de mayor o menos talla en lo estadístico, pero que fueron enormes en cuanto a identificación con el club y que no han tenido su merecido homenaje. Me vienen nombres como Jason Klein, del que ya hemos hablado alguna vez.

Klein fue un jugador irregular y probablemente no logró llegar ni al 70% de su potencial físico y técnico. No obstante marco unos cuantos años del club y desde su marcha, además con sombras por una penalización por dopaje por una negligencia con un frenadol, no se ha sabido más de él.

Víctor Baldo, que hoy tenemos como un aficionado más en el GCA, fue una enorme seña de identidad del club. Un jugador de lo más rocoso que se conoció por estos lares (que de seguro necesita un post propio) y cuya característica principal era su agresividad y entrega. Un buen día no se contó más con él y poco más se supo. ¿Qué tal si se le da una camiseta en mitad de la pista y recibe el aplauso de la grada como merece? ¡Si no puede estar más a mano!

Otros nombres nos vienen a la memoria: el gran jugón John Morton, Gonzalo Martínez, Berni Hernández, Roberto Guerra o Mario Fernández (del que hablamos recientemente). Todos ellos perfectamente podrían tener un homenaje de algún tipo para que la afición pudiera brindarles el agradecimiento que estos jugadores merecen.

Pero, desde luego, un caso es el más claro. Tal vez el más merecedor de acompañar a Jim y Taph en lo alto del GCA: Gregory Everett Stewart Nichols, “Gregorito” Stewart es tal vez, junto a Taph, el pívot más determinante de la historia del club. 

Si nuestro eterno capitán ha aportado mucho más que “baloncesto” a nuestro equipo, siendo un referente en muchísimos sentidos, Stewart ha sido tal vez el más talentoso jugador que ha pasado por estas volcánicas islas, solo un vistazo a sus números asusta, y aun pasa gran parte del año por aquí.

¿Por qué no hay homenaje para Stewart? Por lo visto, hay un problema económicos no resuelto entre el club y el jugador que impiden una buena relación. No obstante, tantos años más tarde, con cambios tan radicales en la dirección amarilla, tal vez sea el momento de intentar solventar lo que sea y darle el merecido homenaje, camisa colgada incluida.

No deberíamos permitir tener la memoria frágil ni en este ni en ningún otro campo. Debemos recordar y valorar nuestro pasado, brindar cumplido homenaje a quienes pasaron por aquí para algo más que ganarse unos cuartos. No permitamos más salidas por la puerta chica.

Este domingo toca el último capitán: Tomás Bellas, es el momento de su primer homenaje. 




[i] Ni idea de porque tiene este apelativo el Santiago Martín de la ciudad lagunera pero ¿Quiénes somos nosotros para andar discutiendo motes?

martes, 28 de julio de 2015

Históricos: Willie Jones

Los que tuvimos la suerte asistir a la pasada final de la Eurocup, y además tenemos ya una edad (baloncestista y también, cómo no, de estancia en este planeta llamado Tierra) se nos movió algo por dentro cuando vimos aparecer en el vídeo marcador, entre otros grandes ilustres ex jugadores, al mítico Willie Jones.

Anotador incansable, delgado como el tobillo de un guirre, enormes ojos saltones y blancos como pelotas de pin pon en medio de su pequeño y negro rosto.
No parecía haber engordado un gramo y sus no pocos años, no creaban la apariencia de macular en exceso su porte, al contrario, desprendía esa energética vitalidad  escondida tras una timidez del que se sabe admirado y no tiene muy claro cómo conducirse al respecto.

Jones era, como ya he dicho antes, muy delgado y fibroso lo que podía parecer no muy adecuado para adentrarse en la zona, habitada por lo general por seres de peso muy superior al suyo. Pero su agilidad y viveza compensaba de sobra los pocos kilos y no demasiados centímetros (203) con los que contaba nuestra estrella aun no amarilla sino blanca, que era el color de la camiseta de aquel Claret previo al amarillo cabildicio.

Su primer contacto con el Granca se convirtió en un doloroso descenso y con ello su partida al Español de Barcelona.  Ese no fue el final de su historia con nuestro equipo. Volvió ya cuando residíamos en el CID  a hacer compañía del no menos mítico Gregg Stewart.

Fueron años duros en lo deportivo y en los despachos pero dejaron un poso responsable de lo que tenemos en la actualidad. Los que nos subíamos a Tamaraceite a ver a Willie lo hacemos ahora a Siete Palmas para ver a otros. Las cosas cambian... o no tanto.